9/18/2005

Las nuevas relaciones sexuales

Estuve leyendo el otro día un reportaje sobre el sexo virtual, que parece haber encontrado en Internet un caldo de cultivo impensable hace apenas unos años. Interesante porque, entre otras cosas, contaba que esta moderna manera de tener relaciones está hundiendo la venta de preservativos en Japón. De 737 millones de condones en 1980, el 2003 se vendieron sólo 418 millones.
La facilidad de acceso y el anonimato que te da Internet, ha conseguido que se den cita tras la pantalla todas aquellas personas que quieran dar rienda suelta a sus pasiones secretas y fantasías más o menos prohibidas en el mundo real. Unos desde su casa, otros desde los cibercafés y más de los que se pueda pensar desde su trabajo o la Universidad, entran cada día a las múltiples páginas buscando las codiciadas imágenes. Hay sitios para todas las opciones y para todos los gustos.
Fotografías, vídeos, foros y chats, están al alcance de cualquiera que teclee la dirección adecuada. Las posibilidades se extienden a todo lo imaginable porque, incluso, gracias a la cada vez más común webcam, hoy se puede tener sexo virtual de manera impresionante.
Leyendo ese reportaje me puse a pensar en cuánto ha cambiado la manera de relacionarse sexualmente que tienen hoy los jóvenes. Dicen todos los estudios que actualmente se inician más temprano en su actividad sexual. Pero no sólo eso. Experimentan. Y así como lo hacen de manera rara pero segura a través de internet, también ponen en marcha prácticas que antes era imposible ver y que hoy están presentes en muchas esquinas de algunas discotheques.
Aunque siempre es malo generalizar, hoy ya no es extraño encontrar en una fiesta, al calor de la música, de varias piscolas y poca luz, jóvenes practicando sexo oral. Los que defienden ese tipo de “contactos” aseguran que es más seguro, evita el contagio del Sida y para una parte de las nuevas generaciones, el sexo oral o incluso –aunque suene violento- el cada vez más común sexo anal no significa perder la virginidad. Incluso más allá de eso, se ha vuelto menos escaso hallar jóvenes del mismo sexo en esas y otras actividades sexuales. ¿Una moda? ¿Están definiendo su orientación sexual? ¿Una conducta sólo de borrachos? Quién sabe. Nadie tiene aquí la última palabra porque el fenómeno está recién siendo analizado por los expertos.
Esta muy lejos de mi intención cuestionar estas conductas. No sólo por tolerante y liberal en varios aspectos, sino porque el afán de esta columna es criticar otro aspecto.
Mientras en el Ministerio de Educación, las autoridades todavía no logran ponerse de acuerdo sobre como formar a los jóvenes en materia sexual; mientras los padres –cada día mas ausentes- siguen haciéndose muchas veces los locos y no abordan el tema con sus hijos; mientras en el colegio los profesores prefieren evitar esa enseñanza que enfrentarla; mientras aquí en Chile seguimos discutiendo sobre si debe o no haber campaña para el uso del condón, en la práctica los jóvenes salen sin su preservativo a buscar y conocer como puedan, lo que nadie les ha querido explicar. Es abismante y anacrónica la diferencia y distancia entre las teorías sexuales de los adultos y la práctica del día a día de los estudiantes.
Parece que a los viejos se les olvidó que cuando eran jóvenes también fueron, como todos y por naturaleza, románticos, amantes del riesgo, desafiantes y con ganas de experimentar.

9/17/2005

Pirateo.com

Inicio este blog con un tema controvertido. De seguro habrá más de alguien que después de leer esta opinión quiera aplacarme con un lanzallamas. Pero bueno, prefiero correr el riesgo.
Siempre he sido defensor de los derechos legales de la música. Sin embargo, decidí aplicar reingeniería en mis propias convicciones y buscar argumentos en favor de los que no pagan un peso por los discos.
La canción más tocada el 2004 en las radios europeas se llama "The reason" y su grupo, Hooobastank, se transformó también en el más pirateado en internet. ¿Por qué? Dicen los que defienden las descargas de música gratuita desde la Red que el disco de la banda no se vendía en todos lados. Desde la perspectiva chilena no hay mejor explicación. Ninguna de las grandes tiendas lo tenía e incluso, preguntar por Hoobastank en la Feria del Disco era hacer derechamente el loco.
Pero no nos engañemos. La gran mayoría de las canciones bajadas desde internet sí están disponibles en el comercio. Aún así, millones de personas prefieren copiarlas de la red que comprar el álbum. La pregunta entonces es obvia: ¿somos delincuentes en potencia? Lo siento pero no lo creo. Aquí nadie quiere matar la música. Todo lo contrario. Si hoy miles de canciones son descargadas diariamente desde la red, es lo mismo que ocurría ayer, cuando eran grabadas desde la radio o copiadas de cassette a cassette en aparatos que se vendian legalmente en las tiendas.
Y hay más argumentos a favor de las descargas gratuitas. La revolución tecnológica que se levanta gracias a internet no ha sido aprovechada por la industria del disco. No en su magnitud real. Es más, la red ha sido incluso despreciada por los sellos. Estos últimos se han volcado hacia la promoción de artistas de éxito fácil y en cambio han reducido sus catálogos a su mínima expresión.
Aquí el problema es que, de una buena vez debiera abrirse un amplio debate que implique al Gobierno, a todos los actores de la industria musical y a los artistas, con el objetivo de conseguir una ley que los proteja a todos. Si, a todos, porque mucho se habla de la defensa de los derechos de autor, pero... ¿y que pasa también con los derechos de los consumidores?